Esta página cuenta una reforma integral de un baño fase a fase, de las que se hacen enteras: no solo cambiar azulejo y sanitarios, sino levantar el baño desde el saneamiento hasta el último remate. Es el mismo planteamiento que explicamos en nuestra reforma integral en Logroño, aplicado aquí a un único baño, pero con la misma exigencia: nada se tapa, todo se rehace si hace falta.
El baño estaba bajo cubierta, con el techo inclinado y una viga de madera original a la vista, así que además de las decisiones normales de cualquier reforma de baño tuvimos que resolver la distribución respetando esa estructura. Si lo que buscas es algo más concreto, como cambiar la bañera por una ducha sin tocar el resto del baño, tienes esa obra contada aparte en este cambio de bañera por ducha. Aquí el alcance fue mayor: baño completo, fase a fase, con fotos de cada paso.
Así estaba el baño
Se llegaba a él por un pasillo en penumbra, y desde ahí ya se veían el inodoro y la bañera con el azulejo de época y una cortina en lugar de mampara. Junto a la bañera había un espejo con el marco oxidado por la humedad de años, y detrás del inodoro un hueco de azulejo roto dejaba ver que la pared llevaba tiempo dando problemas por ese lado.
No era un baño para maquillar con acabados nuevos por encima. Con la instalación y las paredes en ese estado, la única forma de dejarlo bien era vaciarlo entero y empezar de cero desde el saneamiento, no solo cambiar lo que se veía.
Demolición hasta dejar el baño en obra viva
Empezamos picando el alicatado junto al lavabo hasta llegar al ladrillo, dejando a la vista los cables antiguos que corrían sueltos por detrás. Después fue el turno del hueco de la bañera: al derribarla quedó la rasilla cerámica original vista, con el escombro todavía dentro y el inodoro aguantando en su sitio mientras avanzábamos por el resto del baño.
El último paso de esta fase fue vaciar el baño del todo: fuera restos de alicatado, fuera falso techo, hasta dejar el enlucido desnudo y el techo inclinado a la vista en toda su pendiente. Solo con el baño así, en obra viva, se puede saber de verdad qué hay detrás de las paredes y decidir por dónde empezar a construir de nuevo.
El saneamiento, y lo que apareció al abrir: un muro de piedra
Con el baño vacío abrimos una zanja en el suelo para llevar el saneamiento nuevo, y ahí apareció uno de esos imprevistos que solo se ven al picar: un muro de piedra formando parte de la estructura del edificio, justo en el recorrido que iba a seguir la tubería. En vez de forzar el trazado sobre la piedra, adaptamos la zanja para dejarla vista y respetada, y tendimos la tubería de PVC nueva pegada a ella.
Este es el motivo por el que una reforma integral de baño no se puede cerrar del todo antes de picar: hasta que no se abre el suelo no se sabe qué hay debajo, y en edificios con años lo normal es encontrar piedra, cascotes o instalaciones que ya no siguen ningún plano.
Solera nueva y la estructura bajo cubierta
Sobre el saneamiento ya resuelto, vertimos y nivelamos una solera de mortero nueva, comprobando con el nivel de burbuja que quedara plana pegada al muro de piedra. Es el paso que sostiene todo lo que viene después: si la solera no queda a nivel, cualquier plato de ducha o suelo que se coloque encima arrastra el defecto.
Al mismo tiempo resolvimos el vano de la puerta, enmarcándolo en madera justo bajo la viga original del tejado. En un baño bajo cubierta la estructura manda: la viga no se toca, así que la distribución del baño y la posición de la puerta se pensaron a partir de dónde estaba ella, no al revés.
Tabiquería, plato de ducha y protecciones
Levantamos la nueva tabiquería con placa de yeso laminado hidrófuga, la que aguanta la humedad de una ducha sin problema, y colocamos el plato de ducha en su posición definitiva antes de seguir con el resto de la obra. El inodoro nuevo, ya comprado, se dejó protegido en su sitio mientras avanzaban el resto de fases, para que llegara limpio al remate final.
Solado: porcelánico imitación madera
Para el suelo elegimos un porcelánico imitación madera, que da la calidez visual de la tarima sin sus problemas de humedad en un baño. Se colocó pieza a pieza con crucetas de nivelación entre cada una y se asentó a golpes de maza de goma, comprobando que quedara perfectamente plano antes de rejuntar.
El resultado: ducha, mueble suspendido y la lavadora integrada
El baño terminado tiene una mampara esquinera, una ducha tipo lluvia, un mueble de lavabo suspendido y el inodoro nuevo ya instalado. Es un baño con más luz y con el suelo llano de la ducha en lugar de la bañera y el escalón que había al principio.
Y hay un detalle que hace especial esta obra: aprovechamos un rincón, bajo la misma pendiente del techo abuhardillado y junto a las vigas vistas, para integrar la lavadora dentro del baño. No siempre hay espacio para resolverlo así, pero cuando la casa no tiene otro sitio para ella, meterla en el baño bien planificada evita tenerla en medio del pasillo o de la cocina.
Fotos de la obra

Así se veía el baño antes de empezar, con el inodoro y la bañera al fondo.

La bañera y la grifería que había que retirar en la primera fase.

El inodoro original, con la pared ya dando señales de deterioro.

Alicatado fuera hasta el ladrillo, con los cables antiguos al descubierto.

La bañera ya fuera; el inodoro, de momento, seguía en su sitio.

El baño en obra viva, sin nada más que pared, techo y pendiente.

El saneamiento nuevo, corriendo junto al muro de piedra que apareció al picar.

Solera nueva, comprobada con el nivel antes de seguir con la obra.

Tabiquería hidrófuga levantada y plato de ducha en su sitio.

El marco de la puerta, resuelto sin tocar la viga original.

Solado en marcha, pieza a pieza y a golpe de maza de goma.

El baño terminado, con la ducha y el mueble suspendido ya montados.

El rincón donde integramos la lavadora, aprovechando la pendiente del techo.
En este baño no cambiamos solo los acabados: lo levantamos desde el saneamiento. Al abrir el suelo apareció un muro de piedra y decidimos respetarlo en el trazado de la instalación; la viga bajo cubierta también se quedó donde estaba, porque la distribución se pensó a partir de ella, no al revés. Y aprovechamos un rincón para meter la lavadora, que era lo que de verdad necesitaban.Sergio Montoya, fundador y jefe de obra de JIMA
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Preguntas frecuentes
¿Por qué hubo que rehacer el saneamiento entero y no solo los acabados?
Porque el estado del baño no daba para maquillarlo por encima. Cuando la instalación es antigua y no se sabe en qué estado está por debajo del suelo, la única forma de que la reforma dure es abrir, sanear de nuevo y construir desde ahí, aunque eso implique más trabajo que cambiar solo el azulejo y los sanitarios.
Al picar apareció un muro de piedra: ¿qué se hace en un caso así?
Se adapta la obra a lo que hay, no al revés. En este baño el muro formaba parte de la estructura del edificio, así que trazamos la zanja del saneamiento pegada a él y dejamos la piedra vista donde no molestaba, en vez de forzar una tubería en línea recta que hubiera significado romper algo que no hacía falta tocar.
¿Se puede reformar un baño bajo un techo abuhardillado sin tocar la viga original?
Sí, y de hecho es lo recomendable si la viga forma parte de la estructura del tejado. Lo que cambia es el orden de las decisiones: primero se localiza la viga y la pendiente del techo, y después se encaja alrededor la puerta, la ducha y el resto de la distribución, en vez de dibujar el baño ideal y chocar con ella a mitad de obra.
¿Compensa integrar la lavadora dentro del baño?
Cuando la vivienda no tiene otro sitio pensado para ella, sí suele compensar, siempre que haya un rincón con espacio y se prevean bien la toma de agua, el desagüe y el enchufe antes de tabicar. No es una solución que valga para cualquier baño, pero en este, con la pendiente del techo dejando un hueco aprovechable, tenía más sentido que dejarla en el pasillo.
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