El mallazo aparece en muchos de los trabajos estructurales que hacemos en rehabilitación de edificios: en un forjado nuevo, en una solera, o en un patio o una terraza que va a llevar hormigón encima. No es una pieza que se vea nunca terminada la obra, porque queda enterrada dentro del hormigón, pero es de las que más trabajo hacen dentro de la estructura.
Lo colocamos, por ejemplo, al sustituir un forjado de madera por viguetas metálicas, justo antes del vertido final; puedes verlo en fotos reales en nuestra obra de sustitución de forjado de madera por viguetas metálicas.
Para qué sirve el mallazo
Sirve para que el hormigón no trabaje solo. Sin refuerzo de acero, una superficie de hormigón se agrieta con relativa facilidad al someterla a cargas, cambios de temperatura o pequeños movimientos del edificio. El mallazo reparte esas tensiones por toda la superficie en lugar de concentrarlas en un punto, y ese reparto es lo que evita que una grieta pequeña se convierta en una grande.
Cómo se coloca el mallazo en obra
Se extiende sobre la superficie que se va a hormigonar, se recorta a medida y se solapan las piezas entre sí para que la malla quede continua, sin cortes que dejen puntos débiles. Un detalle que cuidamos siempre es que el mallazo quede levantado del suelo con separadores, ni tocando la base ni pegado a la superficie final: tiene que quedar embebido dentro del hormigón, no debajo ni encima, para que cumpla su función.
Qué problemas da un mallazo mal puesto
El más habitual es dejarlo tocando directamente la base sobre la que se hormigona: con el tiempo, la humedad llega hasta el acero, lo oxida y esa oxidación puede acabar marcándose en la superficie del hormigón con manchas o pequeñas fisuras. Otro fallo típico es no solapar bien dos piezas de mallazo, dejando una zona sin refuerzo real que trabaja peor que el resto. También puede llegar oxidado de fábrica o de estar mal guardado en obra antes de usarlo, algo que revisamos siempre antes de colocarlo.
Mallazo y armadura, no siempre es lo mismo
En obra se usa "mallazo" para la malla de cuadrícula que lleva un forjado o una solera, y "armadura" o "ferralla" para los redondos de acero que se atan a mano en elementos más gruesos, como un pilar o una viga de refuerzo. El mallazo viene ya soldado de fábrica en paneles, mientras que la ferralla se prepara pieza a pieza según lo que pida cada elemento. Se confunden porque ambos son acero dentro del hormigón, pero se usan en sitios distintos y se colocan de forma distinta.
El mallazo es de esas cosas que nadie ve terminada la obra, pero que se nota muchísimo si falta. No es un paso que se pueda saltar para ir más rápido.Sergio Montoya, fundador y jefe de obra de JIMA
Preguntas frecuentes
¿Se puede hormigonar sin poner mallazo?
Se puede, pero no es lo que hacemos en un forjado o una solera que va a aguantar peso, porque el hormigón sin refuerzo se agrieta antes y peor. Hay superficies muy pequeñas o sin carga donde a veces se prescinde de él, pero en cualquier elemento estructural lo colocamos siempre.
¿El mallazo se ve una vez terminada la obra?
No, queda completamente enterrado dentro del hormigón. Solo se ve durante la obra, entre que se extiende y se vierte el hormigón por encima, que es cuando se puede comprobar que está bien colocado y solapado.
¿Hace falta mallazo también en una solera pequeña, como la de un baño?
Depende del elemento y de si va a llevar carga encima. En una solera de vivienda que va a recibir el peso normal de una estancia, solemos colocarlo igualmente; lo valoramos según el caso al ver la obra.
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¿Vas a hormigonar una solera o un forjado en tu vivienda?
Te decimos qué refuerzo necesita cada elemento y nos encargamos de colocarlo bien, sin dejarlo a medias por ir más rápido.
