Hay un tipo de vivienda que se repite mucho en Logroño y en los pueblos de La Rioja: un pasillo largo que reparte puertas a los lados, con habitaciones pequeñas y cerradas y una cocina aparte que casi nunca se ve desde el salón. Es una distribución que tenía sentido cuando se construyó, pero que hoy se siente más estrecha de lo que es en metros reales.
Abrir esa vivienda, tirando uno o varios tabiques, cambia por completo cómo se vive en ella: entra luz de una punta a otra, las estancias dejan de sentirse encajonadas y el pasillo deja de ser el único punto de paso obligado. Pero abrir espacios no es solo tirar una pared: hay que saber qué se pierde al hacerlo, qué comprobar antes de tocar nada y cómo queda el suelo y el techo una vez que el tabique ya no está.
En esta página contamos cómo planteamos este tipo de obra: qué se gana y qué se pierde al abrir, qué revisamos siempre antes de tocar un muro, qué soluciones intermedias existen cuando abrir del todo no es la mejor opción, y el remate posterior de suelo y techo, que es la parte que casi nadie tiene en cuenta hasta que llega el momento.
Antes de tirar un tabique
- Se comprueba si el tabique es de carga antes de decidir nada: si hay duda razonable, se estudia en la propia vivienda.
- Se revisa qué instalaciones de fontanería o electricidad pasan por dentro del muro que se quiere quitar.
- Se piensa en el suelo: al unir dos estancias, casi nunca coincide el mismo pavimento ni el mismo nivel a ambos lados.
- Se piensa en el techo: la línea donde estaba el tabique deja una marca que hay que igualar antes de pintar.
- No hace falta abrir del todo: un paso ancho o una cristalera pueden dar luz sin perder la separación entre estancias.
- Abrir espacios cambia la acústica de la vivienda: lo que antes quedaba aislado tras una puerta ahora se oye desde el salón.
Qué comprobar antes de tirar un tabique
| Elemento | Qué se comprueba | Qué puede implicar |
|---|---|---|
| Si el tabique es de carga | Su grosor, el material y si sostiene parte del forjado o de la cubierta por encima | Si hay dudas, se estudia antes de tocarlo; no se derriba nada sin comprobarlo |
| Instalaciones por dentro | Si pasan tuberías de fontanería, bajantes o cableado eléctrico dentro del propio muro | Hay que desviar o rehacer ese tramo antes de derribar, no después |
| Suelo a ambos lados | Si coincide el pavimento, el nivel y el estado del suelo en las dos estancias que se van a unir | Casi siempre hay que rematar una franja de suelo nueva donde estaba el tabique |
| Techo y posible viga | Si queda una marca, una grieta o una viga vista al quitar la pared hasta arriba | Hay que igualar el techo o decidir si la viga se deja como elemento visto |
| Acústica y privacidad | Qué estancias quedan comunicadas y qué usos conviven en el mismo espacio abierto | Puede convenir una solución intermedia en vez de abrir del todo |
| Iluminación y ventilación | De dónde entra la luz natural en la vivienda ya unida y cómo circula el aire | A veces hay que reforzar un punto de luz o revisar la ventilación de la cocina |
Qué se gana y qué se pierde al abrir espacios
Lo que se gana al tirar un tabique se nota enseguida: más luz natural repartida por toda la vivienda, sensación de amplitud aunque los metros construidos sigan siendo los mismos, y una estancia que antes solo se usaba de paso empieza a formar parte de la vida diaria. En una vivienda con pasillo largo, unir el salón con la cocina o con una habitación contigua suele ser el cambio que más se nota, más incluso que renovar acabados.
Lo que se pierde también hay que decirlo, porque no siempre compensa a todo el mundo: privacidad entre estancias, la posibilidad de aislar el ruido de la cocina mientras alguien duerme o trabaja al lado, y algo de pared útil para colocar muebles altos o armarios. En una vivienda pequeña, cada tabique que se tira también quita metros lineales de pared, y eso hay que tenerlo en cuenta al pensar dónde va después cada mueble.
Si el tabique puede ser de carga, se estudia antes
Esta es la comprobación que nunca nos saltamos. Un tabique interior puede ser solo de separación, hecho con ladrillo hueco o placa de yeso, o puede formar parte de la estructura que sostiene el forjado o la cubierta. Por fuera, a simple vista, no siempre se distingue uno de otro, sobre todo en viviendas con años donde el tabique lleva capas de pintura y de yeso encima.
Cuando hay cualquier duda razonable sobre si un muro es de carga, se estudia en la propia vivienda antes de tocarlo: no hacemos cálculos a distancia ni prometemos que un tabique se puede tirar sin haberlo comprobado in situ. Es la única forma de plantear la obra con seguridad, y también la razón por la que no damos un presupuesto cerrado de este tipo de trabajo sin haber visitado antes la vivienda.
Lo que pasa por dentro de la pared: instalaciones
Antes de picar, hay que saber qué corre por dentro del tabique que se quiere quitar. Es habitual encontrar cableado eléctrico que va de una estancia a otra a través de ese muro, un punto de fontanería si hay una cocina o un baño cerca, o incluso una bajante que atraviesa el tabique de arriba abajo. Nada de esto se ve desde fuera, y solo aparece al empezar a picar.
Cuando aparece una instalación así, se desvía o se rehace ese tramo antes de terminar el derribo, igual que se hace en cualquier reforma integral al tocar la distribución de una vivienda. Dejar un cable o una tubería colgando sin resolver a mitad de obra es la forma más rápida de que algo falle más adelante.
Soluciones intermedias: cuando abrir del todo no es lo mejor
No todas las viviendas piden quitar el tabique entero. A veces basta con ensanchar el paso entre dos estancias, convirtiendo una puerta estrecha en un hueco amplio que deja pasar luz y visión sin eliminar del todo la separación. Es una solución que funciona bien entre una cocina y un salón cuando se quiere ganar comunicación pero mantener algo de aislamiento del olor o del ruido.
Otra opción intermedia es sustituir parte del tabique por una cristalera o una carpintería con vidrio: se conserva la división entre estancias, pero la luz atraviesa igual que si no hubiera pared. Esta solución suele encajar bien en pasillos oscuros o en una habitación interior sin ventana propia, donde abrir del todo tampoco sería la mejor opción por privacidad. Un pasillo bien resuelto, con la luz entrando desde otra estancia, es parte de lo que mostramos en esta obra de salón, recibidor y pasillos recuperados.
El remate que casi nadie cuenta: suelo y techo después de tirar la pared
Aquí está la parte que menos se explica cuando se habla de tirar tabiques. Al unir dos estancias, casi nunca coincide el pavimento: puede haber dos tipos de suelo distintos, o el mismo suelo pero a un nivel ligeramente diferente por el grosor del tabique y su solera. Hay que decidir si se cambia el suelo de las dos estancias para dejarlo continuo, o si se remata solo la franja donde estaba la pared, buscando que la unión se note lo menos posible.
En el techo pasa algo parecido: al quitar el tabique hasta arriba queda una línea marcada, a veces con una grieta superficial donde encajaba la pared con el forjado. Ese punto hay que igualarlo con guarnecido y pintura antes de dar la obra por terminada; si aparece una viga vista al quitar un falso techo, como puede pasar en construcciones más antiguas, se decide entonces si se dejan vista o se cubre, igual que valoramos la carpintería y la estructura original en cualquier reforma de casa de pueblo. Este remate final es el que hace que el espacio abierto se vea como una sola estancia pensada así desde el principio, y no como dos habitaciones a las que les falta una pared.
Fotos de la obra

Un pasillo con más luz tras replantear la distribución alrededor de él.

Un recibidor que se abre al resto de la vivienda en vez de quedar cerrado.
Nunca decimos que un tabique se puede tirar sin haberlo visto en persona. Si hay duda de que aguante algo por encima, se estudia primero; si está claro que es solo de separación, se tira y se remata bien el suelo y el techo, que es donde se nota si la obra está bien terminada o no.Sergio Montoya, fundador y jefe de obra de JIMA
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Preguntas frecuentes
¿Cómo sé si el tabique que quiero tirar es de carga?
No se puede saber con seguridad solo mirándolo. Si hay cualquier indicio de que puede sostener estructura, lo comprobamos en la propia vivienda antes de decidir nada; nunca damos por bueno un derribo sin haberlo estudiado in situ.
¿Qué pasa si al picar aparece una tubería o un cable dentro del tabique?
Se desvía o se rehace ese tramo antes de terminar el derribo. Es algo que puede aparecer y que se resuelve sobre la marcha, avisándote antes de seguir si cambia algo del presupuesto.
¿Hace falta cambiar todo el suelo de la vivienda al unir dos estancias?
No siempre. Depende de si coincide el pavimento y el nivel a ambos lados del tabique que se quita. A veces basta con rematar la franja central; otras veces compensa más renovar el suelo de las dos estancias para que quede uniforme.
¿Es mejor tirar el tabique entero o hacer un paso más ancho?
Depende de qué busques. Si quieres máxima luz y sensación de amplitud, tirar el tabique da más resultado; si prefieres mantener algo de separación entre cocina y salón, por ejemplo, un paso ancho o una cristalera puede ser mejor solución.
¿Se nota mucho el ruido al unir dos estancias en una?
Sí, es uno de los cambios que menos se piensa antes de tirar un tabique. Lo que antes quedaba aislado tras una puerta ahora se oye desde el resto del espacio abierto, y conviene tenerlo en cuenta sobre todo si una de las estancias es un dormitorio.
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