Una casa de pueblo no se reforma como un piso de ciudad. Son construcciones más antiguas, casi siempre de piedra o de ladrillo macizo, con muros mucho más gruesos que los de una vivienda moderna y una distribución pensada para otra forma de vivir: habitaciones más pequeñas, pasillos estrechos, escaleras en sitios que hoy no se colocarían así y, muchas veces, ningún baño en la planta donde ahora se necesita uno.
En JIMA llevamos años trabajando en pueblos de toda La Rioja, y sabemos que cada una de estas casas esconde su propia historia detrás del yeso: un muro de piedra que nadie recordaba que estaba ahí, una viga en buen estado bajo un falso techo, una carpintería antigua que merece más la pena restaurar que tirar. Esta página cuenta cómo planteamos la reforma de una casa así: qué miramos antes de nada, qué suele pasar con las instalaciones y qué criterio seguimos para decidir qué se conserva y qué se sustituye.
Este tipo de vivienda es habitual en pueblos como Calahorra, Alfaro o Santo Domingo de la Calzada, y en cada uno nos encontramos casas con historias parecidas: cambios de propietario, ampliaciones hechas en distintas épocas y reformas a medias que nunca llegaron a completarse. Si tu casa está en alguno de esos municipios, tienes más información de la zona en reformas en Calahorra, reformas en Alfaro o reformas en Santo Domingo de la Calzada.
Lo primero en una casa de pueblo
- Los muros de piedra o ladrillo se revisan antes de decidir nada: si están sanos, casi siempre conviene dejarlos trabajando.
- El forjado entre plantas se comprueba pisando y mirando desde abajo, buscando flechas, humedad o madera dañada.
- La cubierta se revisa por dentro y por fuera: una teja movida o una viga húmeda ahí arriba acaba afectando a toda la casa.
- La distribución original casi nunca sirve tal cual: hay que decidir qué tabiques se quitan y dónde va cada estancia nueva.
- Las instalaciones de fontanería y electricidad se rehacen casi siempre enteras, porque las antiguas no aguantan el uso de una casa de hoy.
- La piedra, las vigas y la carpintería en buen estado se valoran una por una antes de decidir si se tapan o se dejan vistas.
Qué se revisa en una casa de pueblo antes de reformar
| Elemento | Qué se mira | Qué puede aparecer |
|---|---|---|
| Muros de piedra o ladrillo | Verticalidad, grietas, humedad y estado del mortero entre las piedras | Muros muy gruesos y sólidos, pero también tramos con el mortero degradado por años de humedad |
| Forjados entre plantas | Si el suelo cede, suena hueco o tiene humedad en el techo de abajo | Vigas de madera con buen aspecto por fuera pero dañadas por dentro |
| Cubierta | Estado de la teja, del maderamen y de las zonas donde entra agua | Vigas de cubierta húmedas o tejas movidas que llevan tiempo dejando pasar agua sin que se note desde dentro |
| Instalaciones | Qué fontanería y electricidad hay, y si cumplen lo mínimo para una vivienda actual | Instalaciones antiguas que no llegan a todas las estancias o que no aguantan el uso de hoy |
| Carpintería original | Puertas, ventanas y elementos de madera que se puedan restaurar | Piezas en buen estado bajo pintura vieja, que restauradas ganan más que unas nuevas |
| Distribución | Cómo se reparten las estancias y por dónde pasan los muros de carga | Muros que no se pueden tocar porque sostienen el forjado o la cubierta |
Muros de piedra y ladrillo: gruesos, pero no todos igual de sanos
Lo primero que se nota al entrar en una casa de pueblo antigua es el grosor de sus muros. Son paredes de piedra o de ladrillo macizo, construidas para aguantar el peso de la propia casa sin ayuda de una estructura de hormigón, y ese grosor por sí solo ya dice mucho de cómo se construía entonces: con lo que había cerca, pensando en que aguantara generaciones. La mayoría de estos muros siguen perfectamente sanos por dentro, aunque por fuera lleven capas de yeso, pintura o revoco de distintas épocas que no dejan verlo.
Pero no todos están igual de bien, y por eso conviene revisarlos uno a uno antes de decidir nada: buscamos grietas que se muevan, zonas donde el mortero entre las piedras se ha ido perdiendo con la humedad, o tramos donde el propio muro se ha desplomado ligeramente con los años. Un muro sano se puede sanear, rejuntar y dejar trabajando como el primer día; uno con un problema real de base necesita otra solución, y eso solo se sabe después de mirarlo de cerca, no desde la fachada.
Forjados y cubierta: lo primero, antes de pensar en acabados
En una casa de pueblo con años, el forjado que separa una planta de otra suele ser de madera, y la cubierta lleva encima un maderamen que puede llevar décadas sin que nadie lo revise de cerca. Antes de hablar de un solo acabado —suelo, azulejo, pintura— hay que saber en qué estado está lo que sostiene la casa por dentro, porque construir encima de un forjado dañado o bajo una cubierta que deja pasar agua es empezar la reforma por el lado que menos conviene.
La revisión se hace pisando, mirando desde abajo si hay acceso, y subiendo a la cubierta cuando hace falta comprobar el estado del maderamen y de la teja. Si el forjado tiene viguetas dañadas por humedad o por carcoma, hay que sustituirlas antes de seguir; en otra obra bajo un techo abuhardillado, con una viga original que decidimos mantener en la distribución final, contamos algo parecido en esta reforma integral de baño bajo cubierta. Lo importante es que esta revisión va siempre antes que cualquier decisión de interiorismo: no tiene sentido elegir un suelo bonito para ponerlo sobre un forjado que hay que levantar dentro de dos años.
Una distribución pensada para otra forma de vivir
Estas casas se construyeron con una lógica muy distinta a la de hoy: habitaciones pequeñas y numerosas en vez de espacios abiertos, escaleras estrechas metidas en el hueco que quedaba libre, cocinas apartadas al fondo y, muchas veces, ni rastro de un baño pensado como tal, porque en su día se resolvía de otra manera. Reformar una de estas casas casi siempre implica replantear cómo se reparten las estancias, no solo cambiar los acabados de las que ya existen.
Aquí es donde más cuenta saber qué muros son de carga y cuáles se pueden tirar sin comprometer nada. En una casa de piedra o ladrillo macizo, no todos los muros interiores sostienen el forjado o la cubierta; algunos son solo de separación y se pueden quitar para unir dos estancias o abrir un paso nuevo. Otros, en cambio, forman parte de la estructura, y tocarlos sin haberlo revisado antes puede comprometer lo que aguantan por encima. Esta decisión se toma después de ver la casa entera, con el estado de los muros ya comprobado.
Instalaciones que casi siempre se rehacen enteras
En una casa de pueblo con años, es raro encontrar una instalación de fontanería o de electricidad que aguante tal cual el uso de una vivienda actual: tuberías de un material que ya no se usa, un cuadro eléctrico sin la potencia que hoy hace falta, cableado que no llega a todas las estancias o que corre visto por donde no debería. Por eso, salvo excepciones puntuales, planteamos estas obras rehaciendo la instalación completa, igual que en cualquier reforma integral, aunque aquí el punto de partida suela estar más lejos del actual.
Rehacer la instalación entera, además, es la única forma de aprovechar bien los muros gruesos de la casa: al abrir rozas para pasar tubo y cable se puede comprobar de paso el estado del propio muro por dentro, algo que de otra forma no se vería hasta mucho después. Es más trabajo al principio, pero deja la casa con una instalación pensada para durar tantos años como los muros que la rodean.
Qué conservar y qué tapar: el criterio que seguimos
La pregunta que más nos hacen al empezar una de estas reformas es qué hacer con la piedra, las vigas o la carpintería que va apareciendo al picar. No hay una respuesta única: depende del estado real de cada elemento, no de una moda. Una viga de madera sólida, aunque tenga marcas del tiempo, suele merecer quedar vista, porque es un material que ya ha demostrado que aguanta y que da a la casa un carácter que ningún acabado nuevo puede imitar. Lo mismo pasa con un muro de piedra que aparece sano detrás de un tabique de yeso: dejarlo visto, bien saneado, suele ser mejor opción que taparlo de nuevo.
La carpintería original sigue el mismo criterio. Puertas y ventanas antiguas de madera maciza, si conservan su estructura, casi siempre restauran mejor de lo que se sustituyen: se lijan, se tratan y se dejan con su carácter propio, como puedes ver en las puertas antiguas de la fotografía de esta página. Puedes ver otro ejemplo de este mismo criterio, aplicado a un dormitorio con ladrillo y madera recuperados, en esta obra con ladrillo visto y madera. Lo que sí se sustituye sin dudarlo es lo que ha perdido su función real, ya sea una viga que ha perdido sección, un muro con un problema estructural de base o una carpintería tan deteriorada que ya no cierra bien. El criterio, en resumen, es simple: se conserva lo que sigue aguantando y aporta carácter, y se sustituye lo que ya no cumple su función, decisión por decisión y no de forma general para toda la casa.
Fotos de la obra

Muro de piedra dejado visto en un dormitorio, tras comprobar que estaba sano.

Ladrillo y vigas que aparecieron al picar, conservados en el salón terminado.
Una casa de pueblo no se reforma igual que un piso de ciudad. Primero hay que entender cómo está construida: qué muro aguanta, qué viga sigue sana, qué instalación hay que rehacer entera. A partir de ahí decidimos con el propietario qué se conserva y qué se sustituye, no al revés.Sergio Montoya, fundador y jefe de obra de JIMA
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Preguntas frecuentes
¿Se puede saber el alcance de la reforma sin ver la casa?
No con precisión. Una casa de pueblo esconde su estado real detrás del yeso y de los acabados antiguos, así que el alcance concreto —qué muros aguantan, cómo está el forjado, qué hay que rehacer en instalaciones— solo se conoce después de verla y, muchas veces, de abrir algún punto para comprobarlo.
¿Todas las casas de pueblo tienen problemas de forjado o cubierta?
No todas, pero es habitual que aparezca algo, porque son elementos de madera con muchos años encima que rara vez se han revisado a fondo. Por eso los miramos siempre al principio, antes de decidir cualquier acabado.
¿Hay que tirar todos los tabiques interiores para modernizar la distribución?
No necesariamente. Algunos tabiques son solo de separación y se pueden quitar sin problema; otros forman parte de la estructura y hay que mantenerlos. Se decide muro por muro, después de comprobar cuáles son de carga.
¿Merece la pena restaurar puertas y ventanas antiguas en vez de cambiarlas?
Si la madera conserva su estructura, casi siempre sí: una puerta antigua restaurada tiene un carácter que una nueva no tiene, y el coste de restaurarla suele compensar frente a comprar una réplica. Si la pieza está muy deteriorada, entonces sí conviene sustituirla.
¿Por qué hay que rehacer la instalación eléctrica entera si algunas luces todavía funcionan?
Porque que una luz funcione no dice nada sobre si el cableado o el cuadro eléctrico aguantan el uso de una vivienda actual, con más aparatos y más potencia que hace décadas. Rehacerla entera evita ir parcheando algo que no cumple desde la base.
¿Se puede vivir en la casa mientras dura la reforma?
En una reforma de este alcance, con instalaciones y forjados de por medio, lo habitual es que la casa quede vacía mientras dura la obra. Si tu caso permite hacerlo por fases, lo hablamos y vemos cómo organizarlo.
Dónde trabajamos
JIMA trabaja en Logroño y en toda La Rioja, y también sale a pueblos cercanos de Navarra y Álava. Si no ves tu pueblo, pregúntanos por WhatsApp: te lo confirmamos en un momento.
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