La pintura y los acabados finales son la última fase de una reforma, la que ve el cliente al entrar en la vivienda terminada y la que, sin quererlo, se convierte en el juicio de toda la obra: si las paredes están lisas, si el color es uniforme y si los encuentros quedan limpios. A esta fase se llega después de haber resuelto la electricidad y la iluminación y de tener los alicatados y solados terminados; pintar antes de eso es empezar la casa por el tejado.
Esta página explica cómo trabajamos esta última fase en JIMA: la preparación de las paredes antes de pintar, por qué se deja para el final, cómo se resuelven los encuentros con el rodapié y la carpintería, y en qué consiste el repaso final que hacemos contigo antes de entregar las llaves.
Lo que conviene saber de esta última fase
- Antes de pintar se masilla, se lija y se imprima la pared; la pintura no arregla un soporte mal preparado, solo lo enseña con más luz.
- Se pinta al final de la obra, cuando el resto de oficios ya han terminado, para no tener que repasar por un golpe o una mancha de otro trabajo.
- Los encuentros con el rodapié y con los marcos de puertas y ventanas son los que más se miran al entrar en una habitación recién pintada.
- La limpieza final de obra no es pasar la fregona por encima: es quitar el polvo de rincones, marcos y persianas que ha ido dejando toda la reforma.
- El repaso con el cliente antes de entregar sirve para mirar la vivienda juntos y anotar cualquier detalle mientras todavía es fácil resolverlo.
- Aquí no hablamos de marcas ni de tipos comerciales de pintura: el acabado y el color se deciden con la vivienda delante.
Fases de la pintura y los acabados finales
| Fase | Qué se hace | Qué mirar |
|---|---|---|
| Masillado | Se tapan grietas, agujeros y juntas de pladur con masilla | Que quede lijable y a ras con el resto de la pared, sin bultos |
| Lijado | Se lija toda la superficie masillada y las zonas irregulares | Que no queden marcas de la masilla ni cambios de textura al pasar la mano |
| Imprimación | Se aplica una capa que iguala la absorción de la pared antes del color | Que cubra bien toda la superficie, sobre todo las zonas reparadas con masilla |
| Pintura | Se aplican las manos necesarias hasta conseguir un acabado uniforme | Que el color se vea igual con distintas luces, sin veladuras ni marcas de rodillo |
| Remates | Se resuelven los encuentros con el rodapié, los marcos y los interruptores | Que no queden líneas torcidas ni pintura fuera de la zona que toca |
| Limpieza final | Se retira el polvo y los restos de obra de toda la vivienda | Que no queden salpicaduras de pintura en el suelo, los cristales o la grifería |
La última fase, la que juzga el cliente
De toda una reforma, la pintura y los acabados finales son lo último que se hace y, casi siempre, lo primero que se mira. Nadie entra en una vivienda recién terminada fijándose en si la instalación eléctrica está bien resuelta por detrás de la pared o en si el alicatado tiene un buen despiece; se fija en si las paredes están lisas, si el color es uniforme y si los encuentros están limpios. Por eso, aunque sea la fase más corta de la obra, es la que más pesa en la impresión final.
Tratamos esta fase con el mismo cuidado que el resto, no como un trámite de última hora para tapar lo que ha pasado antes. Un alicatado perfecto y una instalación bien resuelta pueden quedar deslucidos por una pared mal pintada, igual que un buen acabado de pintura no arregla un tabique torcido por debajo.
Preparación de la pared: masillado, lijado e imprimación
Antes de coger el rodillo, la pared pasa por tres pasos que no se ven en el resultado final pero que lo condicionan entero. El masillado tapa grietas, agujeros de instalaciones antiguas y las juntas entre placas de pladur, dejando la superficie a ras y sin bultos. El lijado posterior quita los excesos de masilla y las marcas que deja, hasta que la mano no note ningún cambio de textura al pasar por encima.
La imprimación, por último, iguala la absorción de toda la superficie antes de aplicar el color: sin ella, las zonas reparadas con masilla absorben la pintura de otra manera que el resto de la pared, y ese cambio de absorción se nota después como una diferencia de tono, sobre todo con luz rasante. Estos tres pasos son los que de verdad marcan si una pintura queda uniforme o si, mirada de lado, se ven las reparaciones por debajo.
Por qué se pinta al final y qué pasa si se adelanta
La pintura se deja para el final de la obra a propósito: es el acabado más frágil frente a golpes, roces y polvo, y el resto de oficios —alicatado, carpintería, instalaciones— todavía tienen que entrar y salir de cada habitación con herramientas, escaleras y material. Pintar antes de que termine todo eso es asumir que habrá que repasar, y casi nunca se repasa igual de bien que se pintó la primera vez.
Cuando se adelanta la pintura, lo habitual es acabar con marcas de rozaduras en las esquinas, salpicaduras de la instalación de otro oficio, o polvo del corte de un azulejo pegado a una pared todavía fresca. Por eso, en JIMA, la pintura entra cuando el resto de la vivienda ya está prácticamente resuelto, no como un lienzo en blanco que hay que proteger de todo lo que viene después.
Encuentros y remates: rodapié y carpintería
Los encuentros entre la pared pintada y el resto de elementos son donde más se nota un buen o un mal remate: la línea entre la pared y el rodapié, el marco de una puerta recién barnizada, el borde de un interruptor o el encuentro con el alicatado del baño. Ahí no vale con pintar a bulto; hay que proteger lo que no se pinta y trazar una línea limpia donde terminan unos materiales y empiezan otros.
El rodapié, en concreto, se remata con el mismo criterio que explicamos en alicatados y solados: cierra visualmente el encuentro entre la pared y el suelo, y si queda mal pegado o con una junta abierta, es de los defectos que antes se ven al entrar en una habitación recién pintada.
La limpieza final de obra
Terminar de pintar no es terminar la obra. Después viene un tiempo dedicado solo a limpiar: retirar el polvo acumulado en los marcos de puertas y ventanas, en las persianas, en los rincones altos que nadie mira hasta que la vivienda queda vacía de andamios y herramientas, y comprobar que no ha quedado ninguna salpicadura de pintura en el suelo, en los cristales o en la grifería recién montada.
Es un paso que se hace con calma y sin prisa por entregar antes de tiempo, porque una vivienda con la obra recién terminada pero llena de polvo de reforma no se percibe como una obra acabada, aunque técnicamente lo esté.
El repaso con el cliente antes de entregar
Antes de dar la obra por cerrada, recorremos la vivienda contigo, habitación por habitación, mirando juntos los detalles: un remate, una junta, un punto de luz que quedó en un sitio distinto al hablado. Es el momento de anotar cualquier cosa que no esté como se había pensado, mientras todavía estamos en la obra y es fácil de resolver.
Esta forma de cerrar la reforma es la misma que explicamos con más detalle en garantía y repasos después de una reforma: repasamos con el cliente antes de entregar y respondemos por nuestro trabajo si después aparece cualquier detalle. Si además quieres saber qué materiales de acabado envejecen mejor con los años, tienes esa reflexión en materiales que envejecen bien en una reforma.
Fotos de la obra

El pasillo, ya pintado y con los remates de rodapié terminados.

El baño terminado, con la pintura de la zona no alicatada ya resuelta.
La pintura es lo último que se hace y lo primero que se mira. Por eso no se improvisa: se prepara la pared, se pinta cuando todo lo demás ha terminado, y se repasa contigo antes de irnos.Sergio Montoya, fundador y jefe de obra de JIMA
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Preguntas frecuentes
¿Por qué hay que masillar y lijar si la pared parece lisa a simple vista?
Porque una pared puede parecer lisa y no estarlo: pequeñas grietas, marcas de instalaciones tapadas o juntas de pladur que a simple vista no se notan, pero que con la luz de una lámpara encendida de lado se ven enseguida una vez pintadas. El masillado y el lijado evitan esa sorpresa.
¿Cuántas manos de pintura hacen falta?
Depende del color anterior de la pared, de si hay zonas reparadas con masilla y del tono nuevo elegido. Lo que buscamos siempre es un acabado uniforme visto con distintas luces, y aplicamos las manos que hagan falta para conseguirlo, no un número fijo de antemano.
¿Se puede pintar antes de que se acabe de montar la cocina o los armarios?
No lo recomendamos. Montar muebles después de pintar casi siempre deja algún roce o golpe en la pared recién acabada, así que preferimos dejar la pintura para cuando el resto de elementos ya están colocados o, como mucho, bien protegidos.
¿Qué pasa si al limpiar aparece una salpicadura de pintura seca en el suelo?
Se retira con cuidado antes de dar la limpieza por terminada. Por eso la limpieza final se hace despacio y habitación por habitación, no de forma general y rápida, para no dar la obra por cerrada con estos detalles pendientes.
¿Puedo pedir un color de pintura concreto o elegís vosotros?
El color lo eliges tú siempre; nosotros aconsejamos según la luz de cada estancia y el resto de acabados, pero la decisión final es tuya. Lo que no hacemos en esta página es recomendar marcas o tipos comerciales concretos: eso se habla con la vivienda delante.
Dónde trabajamos
JIMA trabaja en Logroño y en toda La Rioja, y también sale a pueblos cercanos de Navarra y Álava. Si no ves tu pueblo, pregúntanos por WhatsApp: te lo confirmamos en un momento.
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Dejamos la pintura y los remates para el momento justo, y recorremos la vivienda contigo antes de darla por entregada.
