Esta página habla solo de la fachada: el muro que da a la calle o al patio, con su revoco, sus grietas, sus juntas y el remate de arriba. Si lo que buscas es una mirada al edificio entero —estructura, forjados, pilares— la tienes en rehabilitación de edificios en La Rioja. Aquí nos quedamos en la piel del edificio, de arriba abajo: del remate de teja al zócalo.
Una fachada con años encima casi nunca falla por un único motivo. Suele ser una combinación: un revoco que ya cumplió su vida útil, una junta que dejó de estar sellada, un canalón que hace tiempo que no recoge bien el agua. Contamos qué miramos antes de decidir nada, cómo saneamos el muro antes de enfoscar, por qué el remate de teja y el canalón pesan tanto en el resultado, y cómo organizamos el andamio y los accesos cuando el edificio sigue habitado durante la obra.
Lo que conviene saber de una fachada antigua
- El revoco no se cae porque sí: casi siempre hay humedad, un mal agarre original o años de golpes de sol y helada detrás.
- Una grieta hay que mirarla antes de taparla: no es lo mismo una fisura superficial que una que viene de un movimiento del muro.
- Las juntas entre piedras o ladrillos envejecen igual que el revoco, y son un punto de entrada de agua fácil de pasar por alto.
- El remate de teja y el canalón no son un detalle estético: es por donde se va el agua que, si no sale bien, vuelve a la fachada.
- Se sanea lo que sigue firme y se repone lo que ya no aguanta; no hace falta picar toda una fachada para arreglar una zona concreta.
- El andamio se monta pensando también en los vecinos: accesos, ventanas y balcones que se siguen usando durante la obra.
Qué revisamos en una fachada antes de intervenir
| Zona | Qué miramos | Qué puede aparecer |
|---|---|---|
| Revoco | Si suena hueco al golpearlo suave, si se desprende con la mano, color y textura por zonas | Revoco despegado del soporte en placas, distintas capas de reparaciones antiguas |
| Grietas | Si son superficiales o atraviesan el muro, si siguen una línea recta o se ramifican | Fisuras que solo afectan al revestimiento y otras que vienen del muro de detrás |
| Juntas | Estado del mortero entre piedras o ladrillos, huecos por donde entra agua | Juntas vaciadas por la lluvia y el paso de los años, sobre todo en la cara norte |
| Remates y balcones | Anclajes, piezas de piedra o vuelo sueltas, sellado con el muro | Remates que se mueven al tocarlos, piezas que ya han perdido su sellado original |
| Alero y canalón | Recorrido del agua desde el tejado hasta el suelo, canalones atascados o mal sujetos | Canalones que rebosan por un lado y mojan la fachada en ese punto exacto |
Qué miramos en una fachada antes de tocar nada
Antes de montar el andamio recorremos la fachada de arriba abajo, con calma. Empezamos por el revoco: dónde suena hueco al darle un golpe suave con los nudillos, dónde se ha desprendido ya y dónde aguanta aunque tenga mal aspecto. No todo lo que está manchado o descolorido está fallando por dentro; a veces es solo suciedad acumulada y el mortero de debajo sigue agarrado.
Seguimos con las grietas, que no son todas iguales. Una fisura fina que solo afecta a la capa de acabado se trata distinto que una grieta que atraviesa el muro y sigue una línea recta de arriba abajo, porque esta última suele venir de un movimiento del propio edificio y hay que entender antes por qué se mueve esa zona. Revisamos también las juntas entre piedras o ladrillos, sobre todo en la cara del edificio que menos sol recibe, porque ahí el mortero se vacía antes y es un punto fácil de dejar pasar si no se mira de cerca.
Por último subimos la vista al remate de arriba: cómo está la teja que corona el muro, si el canalón sigue sujeto y con la pendiente que tocaba, y si algún balcón o pieza de piedra se ha movido con los años. Muchas de las manchas que se ven a media altura de una fachada empiezan justo ahí arriba, no en el propio muro.
Cómo se sanea el muro antes de enfoscar
Enfoscar sobre un soporte que no aguanta es tirar el trabajo a corto plazo, así que antes de aplicar un mortero nuevo picamos todo el revoco que suena hueco o que se desprende con facilidad, hasta dejar a la vista la fábrica original: piedra, ladrillo macizo o el mortero antiguo que sí sigue firme. No se pica de más: si una zona aguanta, se respeta, porque cuanto menos se toca un muro con años, menos sorpresas suelen aparecer después.
Las grietas que atraviesan el muro se abren un poco más de lo que se ven a simple vista, se limpian de polvo y de material suelto, y se rellenan con un mortero pensado para eso, no con el mismo que se usa para enfoscar la superficie. Las juntas vaciadas se rascan hasta encontrar mortero firme y se rejuntan de nuevo, porque una junta mal rellena debajo de un enfoscado nuevo acaba marcando la fachada otra vez con el tiempo.
Con el soporte saneado, limpio y humedecido en su punto, aplicamos el enfoscado nuevo en las capas que hagan falta según el grosor que necesite esa zona. Es un trabajo de albañilería en el que el orden importa: si se enfosca sobre polvo, sobre una grieta sin tratar o sobre un revoco suelto que no se ha quitado, el defecto de debajo termina saliendo a la superficie, antes o después.
El remate de teja y el canalón: la parte que más pesa después
De todo lo que se toca en una fachada, el remate de teja y el canalón son las dos piezas que más condicionan cómo se comporta el trabajo una vez terminado. El remate de teja cierra la parte de arriba del muro y evita que el agua de lluvia se cuele por detrás del enfoscado nuevo; si queda mal asentado o con una junta abierta, el agua encuentra ese hueco antes que ningún otro punto de la fachada.
El canalón hace el resto del trabajo: recoge el agua que baja del tejado y la lleva hasta la bajante, en vez de dejarla caer directamente sobre el muro recién enfoscado. Un canalón mal nivelado rebosa siempre por el mismo lado, y ese lado es justo donde la fachada vuelve a mancharse aunque el resto esté impecable. Por eso revisamos y ajustamos el conjunto de alero y canalón como parte de la propia obra de fachada, no como un añadido aparte: sin eso resuelto, lo demás queda a medias.
No dejamos esta parte para el final por comodidad, sino porque es la que decide si el agua vuelve a encontrar el mismo camino de siempre o si, esta vez, sale por donde tiene que salir.
Cómo organizamos la obra con andamio
Casi toda rehabilitación de fachada necesita andamio, y montarlo bien es parte del trabajo, no un trámite previo. Se monta pensando en las plantas que hay que alcanzar, en los balcones y ventanas que hay debajo y en cómo se van a mover los materiales de una zona a otra sin que eso obligue a subir y bajar todo el rato por el mismo sitio.
También se piensa en quién vive alrededor: si el andamio va a tapar una ventana durante semanas, si hace falta dejar un hueco de paso en un acceso, o si hay que retirar una lona en un momento puntual porque alguien necesita luz o ventilación en su vivienda. Son detalles pequeños que, si se acuerdan antes de empezar, evitan roces innecesarios durante toda la obra.
El orden de trabajo con el andamio suele ir de arriba abajo: primero el remate de cubierta y el canalón, después el saneado y enfoscado por tramos, y al final el acabado y la pintura. Trabajar en ese orden evita tener que volver a subir a una zona ya terminada para resolver algo que se dejó pendiente arriba.
Trabajar con el edificio habitado
La mayoría de estas obras se hacen con gente viviendo dentro del edificio, así que organizamos el trabajo por tramos de fachada en vez de abrir todo el muro a la vez. Mientras se sanea y enfosca una zona, el resto del edificio sigue con sus accesos, su luz y sus ventanas utilizables con normalidad, salvo en los momentos puntuales en los que el propio andamio o una lona lo impidan.
Avisamos con antelación de los días de más ruido o de más polvo, que suelen coincidir con el picado del revoco viejo, y protegemos ventanas, balcones y el acceso al portal mientras dura esa fase. Si el edificio tiene, además, un patio interior con humedad o un problema que va más allá de la fachada a la calle, se puede plantear junto con esta obra; tenemos una página aparte sobre impermeabilización de patios y depósitos para ese caso.
Si lo que necesitas no es rehabilitar una fachada entera sino un arreglo puntual —una grieta, un tramo de revoco caído, un remate suelto— eso también lo cubrimos como trabajo suelto de albañilería, sin que haga falta montar una obra completa para ello.
Fotos de la obra

Así llegó esta fachada: revoco suelto y manchas por toda la superficie.

A mitad de obra, con el enfoscado nuevo ya aplicado.

La misma fachada, terminada y pintada.
Una fachada no se arregla por fuera si el problema sigue por dentro. Por eso empezamos siempre saneando el muro, y dejamos el remate y el canalón para el final, porque son los que deciden si el trabajo aguanta.Sergio Montoya, fundador y jefe de obra de JIMA
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Preguntas frecuentes
¿Por qué se desprende el revoco de una fachada antigua?
Casi siempre por una combinación de humedad detrás del muro, un mortero original que ya cumplió su función y años de sol y heladas alternándose sobre la misma superficie. Un golpe suave con los nudillos suele bastar para saber qué zonas están huecas por dentro.
¿Hay que picar toda la fachada o solo lo que está suelto?
Solo lo que está suelto o dañado de verdad. Picamos hasta encontrar una base firme y respetamos el revoco que aguanta, porque cuanto menos se toca un muro antiguo, más previsible sale el resultado.
¿Cuánto se puede tocar sin subir al tejado?
Poco, si el problema está en el remate de arriba. El remate de teja y el canalón forman parte de la obra de fachada aunque estén técnicamente en la cubierta, porque son los que reparten el agua que después cae sobre el muro.
¿El andamio hay que dejarlo puesto todo el tiempo que dura la obra?
Sí, mientras se trabaja en altura tiene que quedar montado, aunque se puede organizar por tramos para no tapar toda la fachada a la vez ni todas las ventanas al mismo tiempo.
¿Se puede rehabilitar solo un tramo de fachada en vez de todo el muro?
Sí, si el daño está localizado en una zona concreta. Lo habitual es sanear y enfoscar esa parte, revisando además que el remate y el canalón de esa zona funcionen bien, para que el problema no vuelva a salir en el mismo sitio.
Dónde trabajamos
JIMA trabaja en Logroño y en toda La Rioja, y también sale a pueblos cercanos de Navarra y Álava. Si no ves tu pueblo, pregúntanos por WhatsApp: te lo confirmamos en un momento.
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